domingo, 17 de agosto de 2014

Felidia y Pichindé, y una historia a propósito. Fotos y texto: SACASAS



Pichindé




 

Felidia y Pichindé,
Y una historia a propósito

 

En las estribaciones de la cordillera occidental de Los Andes colombianos, dentro del municipio de Cali, medio escondidos entre el verde de los cañones del río Pichindé y Cali, se encuentran los corregimientos de Felidia y Pichindé, el primero de ellos con un pequeño núcleo urbano y el otro, apenas una carretera salpicada de casas a lado y lado.La región irrigada por generosos ríos es un concierto de verdes que tapizan la quebrada orografía y a pesar de la proximidad de la ciudad (media hora más o menos) y de los veraneantes, conserva su ecología tal y como la recuerdo de muchos años.Aunque tienen actividad agrícola su principal fuente económica es la de servir de veraneadero  (aprovechando el clima más fresco que da la altitud) a los habitantes de Cali, ruidosa y calurosa urbe que se divisa a parches, desde la cordillera, detrás de los cerros de Cristo Rey y las Tres Cruces, rodeada de cañaduzales infinitos, algunos humeantes a raíz de la cosecha y posterior quema de los restos.

El cerro de Las Tres Cruces, al fondo, visto desde Pichindé. La base aerea de El Guabito está al pie del cerro y de allí despegaron los aviones  que debieron enfilar por este cañón

 Pocos saben que en esa zona y más exactamente en la cuenca del río Cali a la altura de Felidia se estrellaron La Pinta, La Niña y La Santa María causando la muerte de todos sus ocupantes, que no eran el Almirante ni los hermanos Pinzón, como podrán suponer, sino pilotos y tripulantes cubanos de tres aviones que realizaban un periplo por América. En sus máquinas voladoras Stinson Reliant SR-90 habían partido desde República Dominicana (en compañía de otro aparato denominado Colón, con bandera de la citada república) el 12 de noviembre de 1937 en un viaje con el fin de recolectar fondos para el faro de Cristóbal Colón que debía construirse en este antillano país. Después de descender al sur del continente por el Atlántico y visitar 26 repúblicas y colonias, llegaron a Cali al aeropuerto de El Guabito (hoy en día todavía operativo). Los pilotos colombianos les recomendaron seguir la ruta del río Cauca por el norte y salir al Pacífico por el Chocó, pero los expedicionarios tenían prisa por salir a este océano; les propusieron entonces usar el paso Vijes- La Cumbre de menor altura y menos complicado, no está claro por qué escogieron el cañón del río Cali para continuar su viaje, este se va estrechando rodeado de altas paredes montañosas rematado, un poco hacia el sur, por los formidables Farallones de Cali. Despegaron el 29 de Diciembre muy temprano en la mañana y ya sobrevolando Felidia el piloto de la nave almiranta se percató de la imposibilidad de atravesar por y ahí trató de volver atrás pero el espacio no era suficiente y terminó uniendo la sombra y el avión contra la ladera, seguido por las otras dos naves que corrieron la misma suerte. El aparato dominicano, más potente, se salvó porque volaba a mayor altura y fue testigo de la desgracia.

Casa finca. Pichindé


 Los lugareños que presenciaron el accidente dicen que alguna de las naves estuvo a punto de chocar con la torre de la iglesia. Intentaron, inútilmente, prestarles auxilio y después recogieron los restos, que incluían dinero recaudado para el faro, que fue devuelto en su totalidad a Cuba. El “presidente” de esta nación Fulgencio Batista en agradecimiento donó la escuela, que hoy todavía existe, con el nombre de República de Cuba y una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la mayor de las Antillas y a raíz de todo esto, también de la población de Felidia.

Vista desde Felidia (al otro lado del cerro piramidal está Pichindé). Este es el cañón del río Cali antes de que comienze a estrecharse y por aquí pasaron los aviadores minutos antes de su trágico fin.


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