jueves, 30 de octubre de 2014

Barbacoa del Antic Teatre Barcelona. Fotos y texto; SACASAS




Todos los años, en visperas del Día de Difuntos, la Asociacion cultural Antic Teatre de Barcelona organiza una barbacoa para el vecindario de la institución. Aquí una primera muestra gráfica del acontecimiento














miércoles, 8 de octubre de 2014

Crónicas de la hipermodernidad e imágenes sueltas. Texto y fotos: SACASAS







Crónicas de la hipermodernidad



 Se levantó antes de que la cama lo despertara para evitar la cháchara salutífera de la mañana, pero aun así esta en seguida  lo detectó y encendió las pantallas donde aparecían todas las medidas de su estado biológico reforzadas por una voz que las iba leyendo: Temperatura 36.7 grados, presión arterial 80 – 110, PH intersticial 7.34………. Hizo caso omiso de todo ello y, poniéndose de pie, se desperezó estirando todos los músculos del cuerpo. Había dormido bien, esa noche la WI-FI no le había infiltrado demasiados comerciales en los sueños. La cama dejo de recitar cifras y le recordó que tenía que hacer sus ejercicios matinales obligatorios en beneficio de su salud  o si no se le descontarían 0.25 sub- Bitcoins automáticamente por parte del ministerio del ramo. La cama le descontó el dinero al comprobar que no cumplía con la rutina y le leyó el texto completo del parágrafo legal que decretaba la multa.
 La cama apagó las pantallas cuando caminó hacia la nevera y esta encendió la suya, lo saludó con el ‘Hola buenos días’ de siempre y empezó a trasmitir comerciales sugiriendo desayunos de acuerdo a su historial de consumo. Sacó el primer paquete que encontró y sin fijarse en la marca lo introdujo en el micro- ondas que en seguida empezó a preguntarle por la temperatura requerida  y terminó recordándole que tenía una llamada perdida y si quería atenderla desde su teléfono (el del horno) o el de la nevera, “ahora no” contestó y la voz le salió carrasposa como su garganta, volvió a abrir la nevera y sacó un zumo de naranja para aclararla un poco. El horno avisó que la comida ya estaba caliente. Eran huevos con tocino pero solo el aspecto, estaban elaborados a partir de productos vegetales, especialmente soya, y como hacía tanto tiempo que no probaba unos reales no sabía si el sabor correspondía a lo que parecían. Los comió sin mucho entusiasmo sentado a la pequeña mesa del comedor, que afortunadamente no era  “inteligente” y permanecía silenciosa.
Cuando terminó dejó algo en el plato para Bugs su conejo. Desde que los Animalistas habían impuesto el veganismo obligatorio la imposibilidad de alimentar  mascotas con proteína animal había hecho desaparecer  los  indefensos  perros, los gatos (mejor preparados) sobrevivían en la clandestinidad; así que la gente criaba como mascotas solo animales vegetarianos, conejos, cerdos, aves, que además estaba seriamente castigado el sacrificarlos y aún peor consumirlos. Certificó que el pequeño piso estuviera hermético, preguntándoselo al horno que contestó afirmativamente. Era muy importante esto antes de salir no solo para evitar entrada de contaminación del aire o el sinnúmero de plagas que pululaban en el ambiente sino también para que los gatos salvajes, que sobrevivían clandestinamente alimentándose de las mascotas con amos descuidados, no se comieran a su querido conejo. Termino de vestirse, puso todo el software de la residencia en situación ausente y salió activando la doble puerta neumática que mitigaba la pérdida de aire filtrado del interior y además aseguraba, hasta cierto punto , que los ladrones (abundantes) no se apropiaran de sus preciadas pertenencias.
La calle de barriada con pocos peatones y alguno que otro vehículo automático que pasaba en silencio, no se veía bien, los edificios de pintura raída y descascarada,
montones de basura por recoger cada pocos metros y sobre las tapias corrían  los odiados gatos salvajes esperando un descuido para caer sobre alguna indefensa  mascota vegetariana. El aire tenía  color azul plomizo  y olía a podrido. Había salido con el casco virtual, obligatorio, puesto,  pero había olvidado darle al ‘play’, lo hizo con premura esperando que no le cobraran multa por ello y después de un pequeño temblor la realidad recobró su sentido. Ahora la calle era un hermoso bulevar orlado de frondosos árboles, limpia y reluciente  con pájaros y mariposas (sin gatos, el programa del casco borraba todos los elementos indeseables) y ya no olía a podrido. Una voz  le comunicó que se le habían descontado otros 0,25 sub-Biscoints por salir a la calle sin la protección superior activada y le leyó el parágrafo legal respectivo recordándole al final que todo era por su seguridad…………..
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SACASAS


Nota: Las imágenes no necesariamente tienen relación con el texto.