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domingo, 5 de julio de 2015

Más berlinés que Kennedy. Texto y fotos: SACASAS.




Más berlinés que Kennedy


“Ich bin ein Berliner”: “Soy berlinés” o “Soy ciudadano berlinés” (Wikipedia) Fueron célebres palabras (un poco tontas) pronunciadas por el finado JFK , el 23 de junio de 1963 en Berlín Occidental desde el balcón del edificio “Rathaus Schönenberg” en el decimoquinto aniversario del Bloqueo de Berlín. Cuando se salvó la ciudad aislada,  con un puente aéreo constante hacia el aeropuerto de Tempelhof que duró once meses. Si Kennedy que pasó pocas horas (supongo) en la ciudad amurallada se las dio de berlinés entonces, quien aquí escribe que  ha pasado varios días por sus calles y enormes parques cruzados por tranquilos canales, tiene más razones para decir lo mismo que el difunto presidente.
 Por los extraños vericuetos en que la realidad (siempre sorprendente) nos encamina por la vida,  terminé enredado en un surrealista proyecto. Vender “Arepas” (Tortillas de maíz colombianas) en el Fusión Festival que se celebra todos los años en Lärsz, al norte de Alemania y para ello, hube de hacer escala primero en Berlín antes y después del mencionado festival, del que hablaré más adelante  en un artículo especial. Por ahora nos dedicaremos a esta agradable ciudad en una serie ilustrada con imágenes recién salidas del horno y comentaremos los más y los menos de esta extensa urbe.












El río Spree del que brotan varios canales atraviesa la ciudad de cabo a rabo y por donde se camine se cruzan estos mansos cauces navegados por patos, cisnes y somormujos, y algún que otro canoista aficionado;  ya en el cuerpo del río este es recorrido por barcos de turismo como única actividad comercial pues, a diferencia de París, no vi barcos de carga a pesar de que el cauce es ampliamente navegable. La ciudad no es tan limpia como uno esperaría de una urbe alemana y en algunos sectores como Newkölln y Kreuzberg está francamente descuidada, no lo critico, pienso que, como el graffiti, es condición intrínseca de la vida urbana imposibles de erradicar, pero claro, dicen tantas cosas de la perfección alemana. Pero dejemos este post aquí  y guardemos tema para más adelante en la serie sobre Alemania.
























































                                                                                  

jueves, 5 de marzo de 2015

Calles de Barcelona. Fotos y texto: SACASAS




 Calles de Barcelona

Caminaremos hoy alguna de las callejas de Barcelona empezando por la Plaza de San Felip Neri donde, en la pared de la iglesia, se puede apreciar las heridas de la metralla de las bombas caídas durante la guerra civil, el mito urbano dice que son  balas de los fusilamientos pero la versión más coherente parece ser la primera. Además de los inevitables turistas la plaza siempre está "adornada" por personajes dedicados al "botellón" tempranero y otras cosas que no son del caso mencionar. Es un hermoso rincón medio escondido en el laberinto de estrechas calles del Barrio Gótico.


El Carrer de La Merce, además de llevar el nombre de la patrona de la ciudad es una de las que más me agradan, peatonal y bajo un dosel de arcos y bóvedas de gran altura donde la atmósfera muta bañada en sombras y luces.  No demasiado saturada de turistas está flanqueada por grandes edificios eclesiásticos o gubernamentales y salpicada de pequeños restaurantes  a todo lo largo de su recorrido de uso exclusivo del viandante y vehículos no motorizaos.




















 Cerca de Plaça Sant Jaume, la de la Generalitat y Ayuntamiento, se abre o se cierra, porque es cada vez más estrecha, esta calle conocida se con el nombre de Carrer D`Arlet.
El Ayuntamiento al fondo y los infaltables turistas en la plaza que bautiza esta calle con un nombre de divino linaje  e influencia en la península Ibérica, como que abrió el estrecho de Gibraltar con ayuda de su sobrenatural fuerza, El Carrer D`Hércules. El nombre, supongo, se debe a una muy antigua  leyenda que atribuye la fundación de la ciudad a este semidios greco-romano. La calle es muy poco transitada en contraposición con la del fondo y se ouede deducir por el local esquinero que, a juzgar por las pintadas, lleva mucho tirmpo sin abrir. Seguiremos con este tema de la Ciudad Condal en otras entradas y no siempre seremos tan neutros y condescendientes con la urbe.

miércoles, 16 de julio de 2014

¡¡Ay!!….Barcino. Fotos y Texto: SACASAS


 

 

 

¡Ay!… Barcino





 A pesar de haber visto la luz en esta ciudad del mediterráneo (1952), las circunstancias me llevaron de muy niño a Colombia y sólo retorné cuatro décadas y media después. Barcelona en 2003 era una ciudad donde aún se respiraba una sana distensión, abiertos al público muchos de sus museos, parques y monumentos. La actividad artística cundía en las calles, músicos, malabaristas, actores, pintores y las salas ofrecían, también, una variopinta gama de espectáculos. Aunque la fiebre de la construcción ya venía destruyendo el patrimonio arquitectónico y monumental desde el siglo pasado, la lucha de las comunidades vecinales lo mantenía ralentizado y el paisaje urbano reflejaba la rica historia de la ciudad. En fin que me encontré una ciudad verde, grata con sus habitantes y un espacio público del que se gozaba sin excesivas restricciones y era patrimonio de la gente (como debería ser lo público).


 Poco me duró esa percepción porque el agresivo afán economicista ya estaba en camino de hurtarle la ciudad a sus habitantes y entregarla sin ningún escrúpulo a los “inversores”, y al turismo que hasta entonces convivía más o menos equilibradamente con los ciudadanos. Las prohibiciones y regulaciones fueron multiplicándose independientemente del partido gobernante de turno y, además de numerosas, rayaban en el absurdo, no vomitar, no escupir, no jugar pelota, no cantar, no tocar música, etc. Todo castigado con jugosas multas cuyo monto es totalmente desproporcionado a la infracción. Ya no es lo mismo salir a la calle, espacio público cooptado totalmente por el estado. Mientras tanto en las altas esferas del poder se planean nuevas restricciones y aumentos en las multas.
El afán de las constructoras para que se recalifiquen predios y levantar nuevos hoteles o apartamentos. O el exabrupto de tirar el interior de los edificios “protegidos” y dentro del cascarón vacío construir un nuevo monstruo de paredes de yeso. Como si la arquitectura fuera cosa de fachadas y resultando en una especie de decorado para cine que, poco a poco, se superpone a la ciudad que persiste a sus embates. No sé si al final será tan postiza que ni los turistas querrán venir. Le están quitando el corazón a las cosas.


SACASAS