Carrousel del Tibidabo. Barcelona
¿Sueños?...... sueños son
Nadie sabe con certeza cuál es la frontera donde la realidad deja de
ser un sueño y se convierte en “eso” duro, frio y cortante contra lo que
persistentemente nos estrellamos. Cuando niño y durante muchos años
aparecía en mi vida onírica la imagen de un Carrusel colorido de dos
niveles, lleno de niños y arrullado por un organillo. Con el paso del
tiempo el sueño desapareció pero su recuerdo se mantuvo.
Cuarenta y ocho años después, retornado a la tierra donde vi la luz
por primera vez y que dejé a los tiernísimos cuatro, subía a pie un día
nuboso de otoño la montaña del Tibidabo, espalda de Barcelona y en cuya
cúspide, hay un parque de atracciones que data de los años 20. Cuál no
sería mi sorpresa al llegar arriba y encontrarme de narices con el viejo
carrusel soñado brillando sus colores a pesar del gris otoñal.
No todos los sueños se sueñan dormidos, es caso corriente lo de soñar
despiertos. Así fue lo de la chica del cartel, estaba pegado en la
puerta del baño en un apartamento que acababa de alquilar. No tenía idea
de quién era ella. Hermosa mujer, desnuda, incitándome a callar desde
su universo de papel, con el dedo índice posado suavemente sobre sus
labios. Nunca callé, mientras me duchaba, expresaba con sonoras voces
toda la admiración causada por aquella belleza de celulosa y tinta.
Cuál no sería mi sorpresa (me repito), cuando un día apareció en casa un
conocido artista, pintor para más señas, acompañado de una mujer
maravillosa que, al usar el baño, se reconoció a si misma pegada a la
vieja madera. Para mí esto transcendió la frontera de lo casual para
entrar en la de lo mágico, la mujer de papel se había convertido, por
arte de Birlibirloque,en una de carne y hueso. Debo decir que tuvimos
una relación corta pero intensa de la cual no ahondaré en detalles.
Sin ir más lejos, el día que subí al Tibidabo a disparar estas fotos
(no son de la primera vez que reconocí el carrusel), iba por Plaza
Catalunya hacía “Ferrocarriles” y una joven de deslumbrante belleza que
llamó mi atención me sobrepasó caminando con prisa, poco después la
perdí de vista pero ya abajo, en las vías del tren, volví a verla
fugazmente entrando en la cafetería. Abordé el vagón, tomé el primer
sitio que vi libre y, al momento de sentarme pensé que el colmo de la
casualidad sería, que llegara ella e hiciera lo propio en el asiento de
al lado. Cuál no sería mi sorpresa (me re-repito)…………. de los seis
coches llenos de sillas vacías escogió viajar en la contigua. No se
hagan ilusiones no pasó nada más (habría cruzado la frontera de la
casualidad para convertirse en magia) y en la estación de destino ya no
coincidimos, bajé antes. No…no podía hablarle, llevaba audífonos de los
que brotaba el monótono golpeteo de la música electrónica. Además, lo
más probable, ella nunca se enteró de que ya me había visto tres veces.
Si esperan fotos de las chicas va estar difícil. El Cartel se esfumó
en el tiempo y a la del tren ni modo de retratarla, nos queda de
consuelo el carrusel. Pero como tampoco estos artículos son para
explicar las fotos les dejo algunas de la subida al Tibidabo y que se
expliquen solas.
SACASAS
Estación del funicular, Vallvidrera. Catalunya.